La desigualdad crece y el 40% de los hogares no cubre la canasta básica, según el Indec

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La concentración de la riqueza está en la naturaleza del sistema capitalista, y es por esa razón que se requiere una estrategia de gobierno que tienda justamente a evitar tanto la profundización de las desigualdades como que se consolide la exclusión social.

En definitiva, las políticas públicas deben bregar por una redistribución que favorezca a toda una sociedad, en medio de tensiones o conflictos de intereses permanentes. En ese marco el país viene retrocediendo sistemáticamente.

Y los últimos números aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) son elocuentes a tal punto que cualquier maquillaje en la presentación de las variables del relevamiento no logra ocultar la realidad.

Las cifras revisten mayor preocupación, teniendo en cuenta que corresponden al primer trimestre del año, por lo que no miden el impacto que han tenido las corridas cambiarias de mayo y junio –y que aún no cesan, con un dólar que el viernes cerró en un nivel histórico de 28,80 pesos en Paraná– en los hogares argentinos.

Más aún, la grave crisis social –casi imperceptible en la agenda mediática nacional– muestra una tendencia hacia su profundización en los próximos meses, producto de la sangría de puestos de trabajo, la menor actividad económica, la pérdida del poder adquisitivo de los sectores con ingresos fijos, y una inflación galopante.

Las promesas del “segundo semestre con brotes verdes”, o “que lo peor ya pasó” fueron las mentiras de un relato de gestión, que hoy se encamina hacia un ajuste con recesión, y más crisis.

El Indec reveló que el 40% de los hogares en las poblaciones urbanas del país no llega a cubrir el costo de la canasta básica, que en marzo –antes de la megadevaluación– tenía un costo de 17.867 pesos. El informe sobre Evolución de la Distribución del Ingreso fue realizado sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares, y reúne a los 31 aglomerados urbanos relevados periódicamente por el Indec, y que incluyen al Gran Paraná y Gran Concordia.

Ello equivale a decir, atento a la media nacional que se registra en los dos grandes distritos entrerrianos, que unos 600.000 entrerrianos viven en hogares que no alcanzan a cubrir la Canasta Básica. Por otra parte, el ingreso promedio per cápita de la población alcanzó los 10.381 pesos mensuales en este período, reflejó el Indec.

Y seis de cada 10 asalariados –con ingresos formales e informales, e incluyendo jubilaciones– tenían para ese mes una remuneración mensual de entre 15.000 y 16.200 pesos. El ingreso total monitoreado por el Indec incluye las diversas fuentes de ingreso individual, tanto las laborales como las no laborales.

Es decir, comprende los ingresos provenientes del trabajo, así como otras fuentes, como las jubilaciones y pensiones, o subsidios. Finalmente, entre otras variables medidas, el organismo técnico nacional reconoció que en los primeros tres meses del año, las brechas de ingreso se ampliaron de 17 a 20 veces, si se considera el promedio, medido bajo la que se denomina como el coeficiente de Gini.

Realidad de la infancia

Por otro lado, el viernes se conoció un nuevo relevamiento del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. Denominado “(In)equidades en el ejercicio de los derechos de niñas y niños. Derechos humanos y sociales en el período 2010-2017”, afirma que uno de cada tres chicos argentinos desayuna, almuerza y merienda en comedores escolares, comunitarios o de organizaciones barriales. Vale citar el reconocimiento fáctico del hecho, tanto de escuelas como organismos nacionales, sobre esa lamentable tendencia que se observa también en la provincia.

El observatorio de la UCA midió un 33% en 2017; un año antes, fue 4,5% menos. La inseguridad alimentaria afecta al 17,5% de la población infantil y adolescente, mientras que el 8% presenta un déficit severo: en otros términos, son chicos que han pasado hambre. Y uno de cada cinco chicos redujo su dieta de alimentos en los últimos 12 meses por problemas económicos. En la medición del Observatorio de la Deuda Social se incluye la Situación de la Infancia Paranaense, aunque los datos específicos de cada aglomerado, no fueron aún divulgados.

El relevamiento incluyó a Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Mar del Plata, Salta, Resistencia, San Juan, Neuquén, Zárate, Goya, La Rioja, San Rafael, Comodoro Rivadavia y Tierra del Fuego. Los últimos registros correspondientes a Paraná daban cuenta de que más del 40% de los chicos acceden a la alimentación, en comedores escolares, parroquiales, municipales y de organizaciones privadas.

La cifra en el primer trimestre de este año seguramente se ha incrementado. La pobreza e indigencia medida solo en términos de acceso a bienes, alcanzaba durante el anterior período relevado, a casi uno de cada tres chicos, es decir, unos 25.000 niños y adolescentes. Pero seis de cada 10 sufren pobreza multidimensional, es decir, no tienen garantizados derechos como salud, educación o alimentación. Un 20% del total comparte cama o colchón para dormir, aunque en niveles más bajos llega a casi 40%.

Un 33,2%, en el informe anterior, reconocía vivir en barrios en que se manifiesta o se vende y trafican drogas; más de la mitad no realiza actividades físicas o deportivas extraescolares; y casi ocho de cada 10 no hacen actividades culturales y artísticas. Esas estadísticas, lamentablemente, habrán dado un nuevo salto.

Informe

Otros datos que reflejan el drama social, testimoniado por el Barómetro de la Deuda Social en todo el país, son que el 52,7% de la infancia tiene como única opción para la atención de su salud el servicio público; el 51,3% de la infancia y adolescencia reside en espacios barriales nocivos en términos de la contaminación ambiental. Y en materia de Educación, en el nivel primario el déficit por no asistencia –rezago escolar– es 8,6%; en la Secundaria el déficit educativo es muy elevado y en 2017 fue 36,8%.



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