Los gobernadores se ponen más duros con Macri y se preparan para una pulseada dura por el ajuste

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Mauricio Macri chicharreaba. En cordobés básico, el que usa Juan Schiaretti, chicharrear significa quejarse, rumiar mientras otro habla. El presidente lo hacía mientras Schiaretti detallaba sus condiciones para apoyar la baja del déficit fiscal.

“Equidad” fue la palabra fetiche del cordobés en el áspero mano a mano que tuvo con Macri la semana pasada. Los dos se fueron molestos y aunque en Casa Rosada y en Córdoba desdramatizan, de la cumbre no quedó ni una foto oficial.

Schiaretti es el gobernador de más y mejor trato con Macri. Se conocen de otros tiempos y piensan muy parecido. Comparten el esquema de baja del gasto pero disienten sobre donde debe pasar la tijera. El cordobés, al igual que los mandatarios del PJ, cree que Macri se apuró a pactar con el FMI.

Schiaretti plantea, y lo convirtió en bandera de todos los gobernadores opositores, que el ajuste debe caer primero sobre los fondos nacionales que financian servicios y subsidios en Capital y el conurbano. Habla de casi 50 mil millones en subsidios al transporte en el AMBA y más de 15 anuales de AYSA.

Sumó otro ítem: dice que las provincias no pueden seguir pagando la justicia de los porteños. Detrás de esa postura, los gobernadores del PJ adivinan un plan político-electoral de la Casa Rosada de replegarse en Capital y Buenos Aires.

La tensión con Schiaretti grafica la mala hora entre los mandatarios opositores y el presidente. También el salteño Juan Manuel Urutbey, otro peronista amigable, endureció su críticas contra la política económica. El tucumano Juan Manzur, crítico desde antes, advierte sobre una crisis más dura.

En estas horas, el vice gobernador de Salta Miguel Isa, agregó dureza. “No vislumbro un buen porvenir en Argentina si son reelectos”, dijo el número dos de Urtubey.

Las quejas se acumulan y en varias provincias señalan que hubo recorte de programas sociales y de salud, que se acumulan atrasos de partidas para comedores, o que renglones como el incentivo docente se mantienen pero a valores del año pasado.

De fondo, el PJ se aferra a un diagnóstico: ven que el macrismo flaquea en el frente económico, se deterioró aceleradamente en los niveles de apoyo público y reniega de las soluciones políticas. Lo dijo, esto último, Miguel Angel Pichetto; lo comparten los principales caciques peronistas.

En Casa Rosada aseguran que el malestar por la ley antitarifazo se apagó y que ahora hay una pausa antes de empezar el debate sobre el presupuesto 2019 donde estará escrito el acuerdo con el Fondo. En 15 días se retomarán las contactos.

El gobierno sabe que será una discusión pantanosa y que puede no haber acuerdo sobre el presupuesto. Táctica o convicción, Macri expone la postura más extrema. Trabajo extra para los interlocutores, en particular el ministro del Interior Rogelio Frigerio y su vice Sebastián García De Luca.

Macri quiere negociaciones bilaterales con los jefes provinciales. Lo irrita el “reuninismo” de los gobernadores porque, asegura, ahí se endurecen las posiciones aunque después, en privado, los jefes del PJ son más conciliadores.

Con algunos, como el santafesino Miguel Lifschitz, dejó de hablar hace rato.

El socialista estuvo hace diez días en el CCK. Le hablaron de un encuentro con Macri, un mega anuncio anti-narco (un tema sensible en esa provincia) pero solo hubo una foto masiva y el discurso presidencial de 8 minutos, cuya mayor parte consumió el FMI.

A Lifschitz el gobierno lo afilió al club negro donde están el pampeano Carlos Verna y el puntano Alberto Rodríguez Saá -ambos están fuera del Pacto Fiscal-, y donde entró Sergio Casas, de La Rioja. Ninguno fue invitado a la rondas que Macri hizo luego de anunciar el regreso al FMI.

En una semana, el 27 de junio se reunirá el comité del Consejo de Responsabilidad Fiscal que preside Nicolás Dujovne. Ahí, las provincias esperan datos firmes sobre el plan para reducir el gasto.

En medio, el peronismo del Congreso que reporta a los gobernadores apurará un pedido para que Dujovne exponga ante los diputados y los senadores harán una biopsia a Luis Caputo, cuyo pliego como titular del BCRA, puede convertirse en uno de los últimos cheques en blanco del PJ al macrismo.



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