Entre guiños y reproches, los gobernadores redefinen su vínculo con Mauricio Macri

José Manuel De la Sota no logra mutar en tardío émulo de Gianni Versace. El ex presidencial, entregado a la moda, es invocado en pintadas como candidato a gobernador para 2019. Es una picardía de peronistas quejosos con Juan Schiaretti pero que alimenta el PRO (lo difundió un medio atribuido a un funcionario macrista) con la fantasía de fracturar al peronismo cordobés.

De la Sota y Schiaretti sostienen, hace años, un sólido matrimonio político donde se repartieron roles y protagonismos, y permitió al PJ cordobés (eso llamado cordobesismo) reinar hace 20 años. Los carteles sobre De la Sota, que agitan caciques inquietos por la empatía de Schiaretti con Macri, es un condimento del sinuoso ordenamiento político del 2018. Nada más: Schiaretti irá por su re-ree y De La Sota, quizá, insista con una aventura nacional.

Aparecen pistas sobre cómo los gobernadores proyectan la pendular relación con la Casa Rosada en este año sin urnas pero que prologa la batalla donde casi todos (algunos no pueden reelegir) arriesgan su butaca. En ese proceso vale todo: gestos, fotos, movimientos y quejas

Sergio Uñac, el peronista sanjuanino que Olivos creyó un PJ amarillo pero se volvió distante, da señales de moderación mientras Juan Manuel Urtubey, el más amigable, prueba un perfil crítico: cuestionó el caso Chocobar y la escasez de obras del Plan Belgrano. Este fin de semana, Urtubey y Uñac estuvieron juntos en la Vendimia con peronistas mendocinos.

El sanjuanino avisa que su rechazo a la reforma Previsional no implica que sea un opositor extremo. “Apoyamos todo, menos eso, y no apostamos a destruir al gobierno”, dicen en San Juan. Pero en Casa Rosada molestan sus fotos con Alberto Rodríguez Saá, el puntano que milita el eslogan #Hay2019.

Rodríguez Saá será anfitrión en estos días de una juntada de peronistas críticos mientras el PJ bonaerense sesionará en Congreso para designar a Fernando Espinoza como jefe de ese mesa. Las fechas encimadas más que malicias, parecen impericias, aunque varios bonaerenses, como “Paco” Durañona, Mariano Pinedo y Gabriel Mariotto, activan la cumbre puntana.

La cita en San Luis tendrá un efecto: otros gobernadores y dirigentes provinciales preparan una reacción porque no quieren dejar en manos de ese eje la exclusividad de peronismo opositor a la Casa Rosada. “Después de las paritarias y el inicio de sesiones, empezamos a movernos nosotros”, sopla un peronista.

Juan Manzur, otro díscolo, rompió el techo paritario que pidió Nación. En Gobierno dicen que es porque le marca la cancha José Alperovich que deja decir que puede volver en 2019. El tucumano, al igual que Uñac, el chaqueño Domingo Peppo, el riojano Sergio Casas y, con matices, Gustavo Bordet, de Entre Ríos, están hermanados en club de oposición moderada pero están atravesados por otro fenómeno: conviven con jefes anteriores, algunos vigentes, otros no tanto, como Alperovich, Gioja, Capitanich, Beder Herrera y Sergio Urribarri que, al igual que con De la Sota, pueden ser empujados para incomodar a los mandatarios actuales. Hay otro punto en común: expresan posiciones más anti Macri que los gobernadores, lo que condiciona a éstos.

Fuera del peronismo, con una oposición más intensa que muchos del PJ, Miguel Lifschitz busca remontar el traspié electoral de 2017 y avisar que tiene resto: lanzó una reforma constitucional, magnificó sus diferencias con Macri y habló del “modelo Santa Fe”, como tercera vía al PJ y a Cambiemos.

A todos los mandatarios los cruza el “karma” del Pacto Fiscal que rige en parte mientras Hacienda les pide informes mensuales, y a veces semanales, sobre cómo están ejecutando la reducción del gasto en sus distritos. El acuerdo, firmado por todas las provincias menos San Luis, supone medidas de ajuste que, avisan en las provincias, pueden volverse “impracticables” si la economía no remonta. Esa recuperación no la ve, hasta acá, ningún opositor.



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