La caída textil reaviva el debate sobre competitividad y precios de la industria

Podría haber sido un debate promocionado por sir Robert Peel, el empresario textil que jugó un papel clave en la revolución industrial inglesa. Pero en la Argentina actual, una remera, un jean o un suéter ya no son síntomas de prosperidad manufacturera, sino que más bien representan las distorsiones de la economía. Incluso con más ardor que en los últimos meses, los textiles volvieron a estar la semana pasada bajo el foco: de los doce sectores industriales monitoreados por las estadísticas oficiales, es el único que no muestra signos vitales.

Pero más allá del último dato del Estimador Mensual Industrial de julio, en el que este sector mostró una caída acumulada del 14,6% en el año, fue una emisión radial la que abrió el debate sobre lo que preocupa a la industria nacional. La protagonizaron el dueño de TN&Platex, Teddy Karagozian, y el economista Martín Tetaz.

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El debate desenmascaró, por lo menos, tres preguntas que hoy abruman no sólo a los textiles, sino también al empresariado y a los consumidores en su conjunto.

¿Por qué los productos argentinos cuestan el doble en el país que en otros lugares?, fue la primera pregunta que se hicieron en el programa de Jorge Lanata, por Radio Mitre, y que la Cámara Argentina de Comercio (CAC) buscó contestar también la semana pasada con una investigación en la que analizó varias cadenas de valor y la conformación de los precios finales de algunos productos populares. Entre ellos, una remera premium fabricada en la Argentina, que cuesta 74% más cara que en Chile y un 105% más que en Estados Unidos. Para la CAC, un “factor crítico” son la elevada carga impositiva y los mayores costos laborales.

La Fundación ProTejer estima que el 55% del precio final de una prenda de vestir no está relacionado con el costo de producción. Un 25,5% son impuestos (IVA, Ganancias, Ingresos Brutos y el impuesto al cheque), un 15% se relaciona con el costo financiero (tarjetas de crédito y débito) y un 14,9%, con los costos generados por los alquileres (más expensas) comerciales y los shoppings. El 45% restante tiene que ver con el costo de fabricación (20%), comercialización y distribución (15,1%), diseño y marketing (4,7%) y rentabilidad empresaria (4,8 por ciento).

“No sólo la ropa es cara. Todo en la Argentina es más caro. Hay una enorme deformación en el proceso productivo argentino. Todo lo que consume mano de obra en la Argentina está caro. Y la industria textil es de las que más mano de obra consumen”, dijo Karagozian en la entrevista. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), el sector genera el 13% de toda la mano de obra industrial: 320.000 trabajadores directos (135.000 en la industria y 185.000 en la confección).

El 70% de las exportaciones mundiales de prendas de vestir vienen de países con salarios inferiores a los US$ 300. En la Argentina, según ProTejer, rondan los 1300 dólares. A eso hay que agregarle los costos encubiertos de la conflictividad (altas primas de seguros), la rigidez del mercado y las contribuciones y aportes, que tienen una brecha en la Argentina del 34% (superior a la de Brasil, Chile y Uruguay).

El peso en el interior

La actividad textil y de la confección es importante sobre todo en el interior. Representa el 48% del empleo industrial en La Rioja, el 41% en Catamarca, el 24% en la ciudad de Buenos Aires, el 12% en la provincia de Buenos Aires, el 25% en Santiago del Estero y el 27% en el Chaco.

Los costos de fabricación, principalmente los tributarios y laborales, plantean una segunda pregunta que se extiende por toda la industria. La duda es la secuencia. ¿Qué viene primero: la apertura al mundo o el proceso para reducir costos, principalmente asociados al Estado? Y en definitiva, ¿hay actualmente una lluvia de importaciones en este sector?

Radar, la consultora que dirige la subsecretaria de Comercio Exterior durante el final del kirchnerismo Paula Español, estimó que “las importaciones de productos [textiles] terminados crecieron 17% en toneladas en el segundo trimestre del año, una desaceleración con relación a los primeros tres meses, cuando habían crecido 66%”. Sin embargo, su último estudio indicó que la base de comparación es elevada: durante el segundo trimestre del año pasado, las compras al exterior ya habían subido 54% interanual frente a una economía prácticamente cerrada al mundo como la argentina de 2015, con cepo y restricciones. Y agrega que estas importaciones llegan cuando la producción cae, con empresas sobrestockeadas desde antes de la devaluación y fuertemente impactadas por la caída del consumo el año pasado.

“La oferta total de productos textiles y confecciones importadas cayó un 26% en 2016”, afirmaron, en cambio, a LA NACION en la Secretaría de Comercio. La dependencia que dirige Miguel Braun suma a esas cifras los controles “más estrictos” en las aduanas y “un eficiente” combate del contrabando, un importante problema del sector. “Las cifras oficiales de comercio exterior muestran un incremento muy poco significativo de las importaciones de productos textiles en 2016, de un 2,2% en dólares y de un 6,5% en cantidades. Esas variaciones, de por sí, muestran que no se produjo una avalancha de importaciones”, estimaron.

Los datos que maneja Proteger van más en esta línea. “Las importaciones de toda la cadena de valor acumularon, en el primer semestre de 2017, US$ 721 millones y 125.000 toneladas, lo que significó una baja del 0,1% en dólares y del 6% en toneladas, con respecto al mismo período de 2016”, señala en un informe. Sí destaca que los rubros que sufrieron el mayor aumento fueron prendas de vestir (28,4% en dólares y 60,7% en toneladas) y confecciones para el hogar (2,1% en dólares y 12% en toneladas).

El tema de las importaciones no es nuevo en el sector textil. Según Karagozian, los productos importados son actualmente el 60% de lo que se vende en el mercado interno. La FITA incluso afirma que en 2016 se importaron 241.833 toneladas de manufacturas textiles, menos que las 268.653 que se compraron en 2011, un año de alto crecimiento. Los principales rubros de importación -en cantidades- son hilados y tejidos. China desplazó a Brasil como el principal origen: pasó de representar el 2% en 2003 al 42,1% en 2016.

La tercera pregunta es la más compleja. ¿De dónde proviene la falta de competitividad que hace que la industria no pueda exportar, sufra con las importaciones y haya dejado de crecer e invertir? Karagozian cree que como el populismo evita el costo político frente a los ciudadanos, pero promete más de lo que puede para ganar elecciones para financiarse, impulsa impuestos indirectos (escondidos de la vista) a la producción y no a las personas. Pero ese impuesto llega finalmente con precios altos a los consumidores. “En Suiza, los impuestos se ponen directamente en las personas. Por eso, éstas controlan que no se vaya la mano con el gasto. El gasto baja, los impuestos también y las empresas son más competitivas”, explicó.

Un sector polémico

Los industriales textiles aseguran que más de la mitad del precio final de una prenda de vestir en la Argentina no está relacionado con el costo de producción, sino con los impuestos, los alquileres y el costo financiero.

En el sector también denuncian un dumping social y destacan que el 70% de las importaciones de prendas que compra la Argentina proviene de países con salarios menores a los 300 dólares mensuales.

Los críticos del sector sostienen que las empresas textiles locales no son competitivas y que la única forma que tienen para sobrevivir es a costa de cerrar el mercado a la competencia.

En el Gobierno precisan que el mercado local no enfrenta una invasión de productos importados, y señalan que en el último año las compras de textiles en el exterior crecieron apenas 2,2% en dólares.



Categorías:Economía

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