Alerta en el oficialismo por una posible baja concurrencia en las PASO

En el radar de María Eugenia Vidal, entre alertas sobre números pocos felices y el errático desempeño de sus candidatos, irrumpió otra urgencia: el riesgo de una posible baja concurrencia a votar en las primarias del 13 de agosto.

“Los nuestros son los más reacios a las PASO y tenemos que convencerlos de que voten ahora” dijo a Clarín un armador del equipo de Vidal para plantear que la eventualidad de que el número de votantes sea bajo puede ser nocivo para Cambiemos.

El detalle fino revela, aunque el vidalismo se muestra optimista, hasta qué punto la proyección electoral es incierta. Como contó Clarín el domingo, una encuesta encargada por Vidal, pone a Cristina de Kirchner unos puntos arriba.

Un efecto boomerang. La Casa Rosada, con su plan de reforma electoral y la posición crítica de Maurico Macri respecto a las PASO pueden volverse en contra si si sus adherentes no concurren a las primarias.

Sin que sea posible traspolar los casos, las elecciones de este año dan una pista. En las primarias de junio en Chaco votó 56,5% y en la general 62,9%. De 10 a 20 puntos menos que elecciones anteriores.

En Chaco se dio un fenómeno. Entre la PASO y la general, aumentó la concurrencia y mejoró el resultado de la alianza UCR-macrismo a la vez que bajó el porcentaje del PJ que controla Domingo Peppo y usa la marca Chaco Merece Más. En cifras: hubo 55 mil votantes más, el PJ mejoró en 10 mil y Cambiemos en 20 mil. En La Rioja se votó en junio y la concurrencia fue 63%, 15 puntos abajo de otros turnos.

No es atípico. El antecedente más potente fue en las presidenciales de 2015. Entre la PASO y la general, Daniel Scioli sumó 140 mil votos en la provincia de Buenos Aires mientras que Cambiemos creció 620 mil. Casi el cuádruple.

Además del voto útil -la mudanza de otros candidatos, que se nutre del voto anti Cristina-, Cambiemos apuesta a que se repita aquel fenómeno respecto a la general del 22-O. “Yo quiero ganar ahora. No me hablen de octubre” advierte Vidal, según contó Santiago Fioriti el domingo en Clarín.

En Cambiemos confían que sobre el final de la campaña para las PASO mejorarán los números. Lograr que haya más concurrencia es una asunto logístico que serviría para mejorar las chances de oficialismo.

Otro dato: la intensidad política de las elecciones intermedias mantuvo estable la concurrencia a votar. En 2005 fue 77,4%, en 2009 alcanzó 76,8% y en 2013 tuvo trepó a 79,5% en la primaria y a 81,6% en la general.

La campaña de Vidal tiene tres P: presentación de candidatos (tarea que emprendió Vidal en persona, con spots y actos), propuestas y, al final, “pedido del voto”.

En paralelo, entre los avisos de campaña, una publicidad convoca a votar en las PASO. Es de la Dirección Nacional Electoral (DiNE), oficina que depende del ministerio del Interior a cargo de Rogelio Frigerio. En estos días, saldrán otros spots convocando a las PASO.

En el búnker de Cristina de Kirchner el tema concurrencia no se observa como un problema. Uno de los operadores que mide datos y proyecta escenarios, sostiene que si hay baja concurrencia en sectores juveniles, podría ser perjudicial para Unidad Ciudadana y si la baja concurrencia es en mayores, el daño será para Cambiemos.

En las datos del staff K Cristina rankea mejor entre jóvenes que entre adultos mayores. Y apuntan que debería ganar en agosto por 5 puntos de diferencia, plus irremontable en octubre.

“El problema de Vidal no es la concurrencia, el problema es Bullrich, que es un pésimo candidato” dice un cristinista que interviene en la campaña. Sus analogía sobre el #NiUnaMenos y el aborto volvió a ponerlo en un territorio crítico.



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