El Papa nombró como obispo a un cura al que había protegido en 1975

Corría el turbulento 1975 en el país, preludio de la sangrienta dictadura que se abatiría al año siguiente, cuando tres jóvenes seminaristas provenientes de La Rioja eran admitidos en el colegio Máximo, de San Miguel, en el gran Buenos Aires, por el entonces superior de los jesuitas, el padre Jorge Bergoglio. En apariencia eran simplemente muchachos en camino a ser sacerdotes que a pedido del obispo riojano, Enrique Angelelli, iban a profundizar sus estudios teológicos en el reputado instituto de la Compañía de Jesús. Hasta que al año siguiente, tras el asesinado camuflado de accidente automovilístico, de Angelelli, tuvieron conciencia de que, en realidad, como había sido el verdadero propósito de su ahora extinto obispo, estaban siendo protegidos del embate sin piedad de los represores en La Rioja, una protección que asumió el padre Bergoglio.
Según Clarín, la historia de estos tres seminarias forma parte de una veintena de religiosos que estuvieron en la mira de los militares y que Bergoglio albergó en el colegio Máximo con el falso argumento de “profundizar estudios teológicos” o de “realizar largos retiros espirituales” que, en realidad, buscaba proteger. Y cobró vigencia esta semana tras conocerse que uno de aquellos seminaristas, Enrique Martínez Ossola –los otros dos eran Miguel La Civita y Carlos González- fue nombrado obispo por el Papa Francisco. Martínez Ossola se venía desempeñando como vicario general de la diócesis de La Rioja, con mucha trayectoria en parroquias que le valieron un gran aprecio de los fieles y lo confirmaron como “pastor como olor a oveja”, tal como le gusta al pontífice.

En el libro La lista de Bergoglio, del periodista italiano Nello Scavo. Martínez Ossola relató cómo fue aquel paso por el Máximo. “En el colegio nos recibió un padre joven, muy cordial. Era el padre provincial, la máxima autoridad de la Compañía de Jesús en Argentina, pero al inicio no nos habíamos dado cuenta del verdadero motivo. Desde el inicio intuyó nuestra preocupación, y en modo para nada formal, instauró con nosotros una relación fraterna. Él y sus hermanos nos dejaron la máxima libertad, no nos impusieron ni siquiera los horarios para el almuerzo y la cena”, dijo.

El día del asesinato de Angelelli, el 4 de agosto de 1976, Bergoglio se encontraba en Perú y apenas recibió la noticia regresó a San Miguel. Fue directamente a ver a los tres seminaristas y, al contenerlos, les rgó: “No deben jamás separarse, deben estar siempre juntos y moverse con prudencia. Si están unidos será difícil para ellos secuestrarlos a los tres al mismo tiempo”. Entonces los tres se dieron cuenta fel verdadero motivo de su presencia en el Máximo.

Finalmente, los tres seminaristas regresaron a La Rioja y Bergoglio asistió a su ordenación sacerdotal. En 2013, al ser elegido Papa, Francisco recibió una afectuosa carta de Martínez Ossola que se apresuró a contestar con la misma calidez. “Bergoglio sigue siendo el mismo”, comprobó el ahora nuevo obispo.



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